Un trago más, otro color.
Su esencia, ese retrato de su alma vieja y pérdida en estado de putrefacción había quedado plasmada en el cuadra que ahora Sally miraba inmersa entre una multitud de turistas y existencias vacías en Les Champs Élysées frente al majestuoso Arc de Triomphe.
(Esencia: viento sin peso, un suspiro del cuerpo. Trozo del alma recortado por el viento. Pequeña muestra del cuadro del alma en su conjunto con el cuerpo.)
El vacio mismo la llenaba de soledad, no le molestaba, le daba tiempo para pensar en la vida, en el cuerpo que solía cargar encima, en el hombre que quería todo de ella, pero ella no tenía nada que ofrecer.
NADA
Eso era una palabra fuerte casi inentendible para aquel que lo tenga todo. Para ella era normal, costumbre. Su corazón no estaba dentro de su cuerpo, nunca lo estuvo. Siempre que lo encontraba estaba en la nada. Si, en el vacío, en la mitad del espacio siendo el sol, las estrellas, polvo… Siendo nada. Le encantaba el café, todas las mañanas se preparaba su propio café en la cocina vieja y olvidada. Era un día gris y se quedo en casa. No comió nada, después de haberse ido Andrés, no volvió a probar nada ni a querer nada que no viniese de él, fuese de él o para él. No era depresión ni dolor, tampoco pasaba por duelo. Lo sabía muy bien ya que no lloraba ni sentía amargura. Solo no sentía o mejor dicho sentía la nada.
Sentía el vacío infinito entre ella y el mundo.
Sentía que no sentía. Existía mas no vivía. Su cabeza divagaba de aquí para allá. Pasando desde la lista de mercado hasta pensar en su papá. Siempre que llegaba a este punto, sus ojos no aguantaban las imágenes que pasaban por su mente, esos flashbacks que tanto detestaba. Se encerró en su cuarto y se acostó, quería dormir pero no dejaba de pensar en ÉL. ¿Por qué habrá huido? ¿Por qué no dijo que la amaba? ¿Por qué había desaparecido sin más, dejando atrás toda una vida? Y cuando se decía a si misma toda, realmente se refería a lo que ella jamás pudo tener. Una familia unida, padres comprensivos y hermanos cómplices. Ella de hecho no tuvo hermanos, vio a su madre caer, a su padre derrumbarse frente a una gota de agua que poco a poco se había convertido en un océano de angustias. Ya no trabajaba, sus escritos parecían cuentos cortos de infantes aprendiendo a escribir. Le daba vergüenza. ¿Cómo podía semejante escritora llegar a un nivel tan bajo? No quería pensar.Quería existir.
Sobrevivir a la vida.
Caminando al bar Broadway se encontró con un gentío desesperado, llorando de… felicidad? Y todo por un aclamado artista. Su odio hacia ellos. Aquellas personas que se auto titulaban de artistas creando obras maestras como cantar los más bellos versos escritos por otros. Era profanar el verdadero arte.
Después del tercer trago, su cabeza por fin olvidó, quien era, quien sería pero sobretodo olvidó que vivía, que existía y que tenía nombre. Sally
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