Aveces le da por extrañar cosas que se perdieron con la inocencia, con el descubrimiento de sus propias hormonas.
Llora, o más bien, suelta algunas lágrimas cristalinas, grandes, con un significado que sólo su medio limón entiende.
Un significado que va más allá de un par de coincidencias, de encuentros casuales y de: Oye, que raro volverte a ver por aquí.
Fue esa sensación la que se arrebató y se robó su sangre. Ese tic-tac que sonaba a destino, que sonaba a campanas, y sonaba a futuro.
Que olía a campos de margaritas, y a perfume caro.
Ese fuego que subía por sus entrañas y le quemaba la boca cada vez que se veían.
Sabían, dentro de sus pupilas opuestas, que esto, no era coincidencia, no era el destino, no era un verano, no fue una calle linda, no fueron las circunstancias, no fue su mejor amigo, no era amor, pero tampoco amistad, no era un noviazgo, pero no era un matrimonio.
Era todo lo contrario.
Era ver su yang, su otro yo que existiría en un universo paralelo, su medio limón, porque dulces no eran.
Un equilibrio extraño, una fuerza que los llevaba a lugares y a sentimientos que no conocían.
Un incendio que arrasaba con todo lo que tocara, sin gritos.
Muchos sarcasmos e ironías, pero nunca un tono más alto de voz.
Era una pasión que nadie jamás comprendió, que ninguno volvió a sentir.
Aquella oscuridad rojiza en la cual se ocultaban para hacer fogatas, quedó gris y llena de cenizas.
Fueron la excepción a la regla, por lo menos, ella siempre lo fue.
Era mujer, pero no era débil, tampoco fuerte. Sólo era ella.
Eso la hacía ser diferente a cualquiera.
Sí, sus dedos recorrían las curvas, los huesitos, cada secreto del otro, y cuando esto sucedía, no existía el tiempo, se volvía una medida sin sentido y sin existencia, los relojes asombrados se detenían y extrañamente decidían quedarse quietos en ese instante.
El 7 fue su número.
Tal vez, en 7 años prueben de nuevo, si quedan el uno para el otro, si los ojos de destellos verdes y un tanto vampiréscos quedan bien con los ojos oscuros, sacados de un cielo negro de eterna noche.
Si el yin y el yang deben ir juntos, o si de tanto opuesto se queman y se evaporan entre las estrellas para llegar a aquella en el sur que tenía su nombre.