Friday, May 25, 2012

Para ti.

Basta creer en tus ojos, en tu mirada para seguir el camino que inventaste a través de mi cuerpo, de mi piel y mis locuras, de un camino que me encantaría recorrer junto a tus demonios, de ese camino que no es singular, que como todo esto, es plural.

Plural, como cuando uno habla de infinidad de caminos, como cuando mis pasos ya no son solitarios, como a esta bailarina que le jodieron la cabeza, el corazón, y las costillas, y le metieron un hombre entre estas, muy profundo en el pecho. Un hombre que se clavó en el alma, que tatua allí, escribe sobre los retazos y fragmentos de nuestras almas. Me metiste un nosotros, y me jodiste.
Me jodiste de la mejor forma que uno puede joder a alguien, directo y sin pretexto, en el corazón.

Casualidades, tal como Kundera lo predijo, vuelan hacia el amor, y en este caso el odio y la magia.  Que tuviera cuidado me dijo él una noche, que de las metáforas nace el amor, y si supieran, que nosotros somos escritores, lectores y artistas, de nuestros versos, nuestra magia.
Magia!
Esa es la palabra, que tanto busqué pero no logré encontrar hasta que me dejé llevar entre tus ojos color Coca-cola, esos que me miran y me desbaratan y me vuelven a unir en cuestión de segundos, esos que me gustaría ver cada mañana al despertar, y cada noche al acostarme. Y es que vos, me alteraste cada huesito de mi cuerpo, cada músculo de mi espalda, les diste ese shock eléctrico que tanto necesitaban y ansiaban, te esperé, sin saberlo, te esperé.
Y como tú me recuerdas: La magia no llega tarde ni temprano, llega cuando tiene que llegar.
Sí, estoy de acuerdo. La magia, tú, llegaste a mi vida justo cuando tenía.
Justo cuando todo se veía al borde del abismo, de uno profundo y lleno de espirales rojos.
Llegaste para voltearme, para empujarme de frente contra el abismo opuesto, ese que estaba inundado de escritos, de letras, de música, de arte, de ti!
Tú..
Tú eres la espuma de mi cerveza, la música de mis bailes, las metáforas de mis letras, las partituras de mis cantos, la conexión entre las casualidades, y aún más importante y sin dudarlo, eres parte de mí.
Eres parte de mis versos, de mis locuras, de mis impulsos, y de mi alma.

Eres parte de mi alma.

Seguiré escribiendo, hasta que el tiempo me deje, hasta que mi cuerpo me deje, para poder reunir un día todos nuestros mil lenguajes, y dejarte claro que es lo que yo siento por vos y que eres para mí, para la vida que vos me haces vivir!

(Quiero regresar siempre a ti, recorrer todos los caminos que me lleven a tus labios y tus manos, me voy a ratitos para volver a tu pecho de una manera distinta, con algo diferente en mí, para siempre causarte esa sensación de que nos volvemos a besar por primera vez, y de que en ese beso, recordamos vidas pasadas, recordamos que tú y yo cruzamos nuestros pasos, esperando caminar tan lejos como nos permita el tiempo.)


Para ti, estas letras. 
Para ti, mis bailes. 
Para ti, mis sonrisas.
Para ti, mis pasos.
Para ti, todo. 
Para ti, yo. 

Thursday, May 3, 2012

Así llegan las cosas, a esa hora donde todo se mezcla, donde las letras parecen derretirse y confundirse. Esa hora donde cualquier cosa que llegue al cerebro se tergiversa, queda revuelta y regada por las 4 paredes de colores distintos, en el piso de madera, en el techo blanco con luces penetrantes.
No quiero hablar de qué siento, pues no sé cómo me siento.
No quiero hablar de cómo estoy, pues tampoco sé cómo estoy.
No sé de qué quiero hablar, no sé qué quiero decir.
Quiero estar..
estar con él.
Cerca a él.
Quisiera dejar mi cobardía a un lado, pero jamás supe ponerme de primeras en mis necesidades.
Mi valentía conoce muchos lenguajes distintos a las palabras.


"Aveces, desearía volar como una pluma, dejarme llevar del viento. Ser pequeña, tan pequeña y tan frágil como un diente de león."
Sí, así se sentía.
Era dualismo, o más que dualismo, era distintas cosas a lo largo del día. Ahora estaba empezando a creer seriamente que su ánimo dependía del momento del día.
En la noche, se hallaba inconforme con todo, con su cuerpo, sus manos, sus lunares, su manera de bailar, su manera de cantar, su manera de caminar.
En el día, se sentía orgullosa de quién era, o mejor dicho, de quién no era, sabía que no era aquello, ni era lo otro, sabía que no quería eso ni lo contrario. Se hallaba dentro de lo que no quería, se hallaba con quien quería y eso sí la hacía feliz.

Le derrumbaron los ladrillos, y le encantaba que hubiesen sido esos ojos color Coca-cola de los que no quería separarse.
Y es que su cobardía no le dejaba decirle, que nadie más lo había hecho, que nadie la hacía sentirse cómoda y linda. Que era una desadaptada en el amor, y a cualquier cariñito respondía cual gato mimado buscando un poco de ronroneo.

-No sé si lo leas, no sé que tanto te guste leer esto.
No sé sí sepa lo que estoy escribiendo, por eso de que no soy una gran poeta.
Ni tampoco gran artista, y puedo decir que tus letras están listas, y darte orgullosa este mamarracho.-


Quiero salir corriendo,
pero hacia él.




Se dio cuenta que era un desastre, un desastre emocional, tenía montoncitos de emociones regados por todo su cuarto, estaba feliz y podía llorar de tristeza, tenía rabia y podía morirse de la risa. No sabía que hacer con todo esto, y aún así, se le salió la cobardía, en ese momento cuando todo lo que quería decir eran unas simples palabras cliché como: No quiero que me dejes en esta vida, Quiero tenerte aquí hasta que sea sólo huesos. Pero lo mejor que pudo decirle fue Te odio. Y en eso, tenía que resumirse todo lo que sentía, su pequeña lengua se atoró y supo que era mejor besarlo.
No entendía porque estando feliz, se quedaba así. Entre taciturna y nostálgica.
No importa, importa que él no estuviese a su lado.
Ahora pensaba en dos cosas a la vez: volverse pequeña, muy pequeña y en su pecho.
Su pecho se sentía como el invierno de Praga.
Acogedor y misterioso.
En fin, sabía que volver no era una opción, caer lo consideraba pero no quería.
Vértigo, tal vez era eso.