Leéme. Lee lo que escribo, que casi todo es para tí, y si no lo es, podrías hasta entenderme y quedarte un rato más.
Leéme. Lee lo que escribo, no quiero quedarme sin tema, quiero tener siempre algo que contarte.
Leéme. Lee lo que escribo, que podrías entender mis miedos y mis verdades, pero no te espantes, no muerdo duro y tampoco aruño.
Leéme. Lee lo que escribo, para que te enteres que tengo un hombre clavado en los pulmones, ojalá sepas de antemano, que se llama igual a tí.
Cállame. Cállame cuando empiecen a salir letras revoloteando fuera de mi boca, esas que no tienen mucho sentido señor.
Bésame. Bésame en la mitad de los labios, arráncame todos estos miedos e inyéctame tu vicio, que yo soy una buena adicta.
Háblame. Háblame cuando tenga los ojos raros y cuando no, invéntate cuentos en las mañanas de los dos, imagina otros mundos mientras juegas en mi espalda.
Enfréntame. Enfréntame en los malos ratos, seguramente me harás regresar aquí, aveces me elevo y me olvido de quién soy.
Y es que escribo, escribo porque mi corazón me dio permiso, porque las letras son más valientes que yo, ellas sí se atreven a tener sentido y a decirte que te quiero, que no me sonrojo si te lo digo, pero que si me da miedo que me dejes o te deje.
Mañana dormiré, habrán otros días donde Morfeo logré visitarme, por ahora, leéme.
Leéme, que escribir es lo que mejor me va, y el tiempo es sólo una ilusión que me hace esperarte con más ansias.