Ciego busqué los cuerpos macilentos
Esperando. Caminando. 
Posando mis pies sobre el suelo vehemente
Y aquellos cuerpos tan fríos.
Era contradictorio pero
Por supuesto, no estaba en mi mundo.
Ardía. Sí que lo hacía.
Antes de todo fue como ver el cielo incinerarse,
Caer
Pedazo a pedazo
Y ellos inmutables seguían allí
Aunque no estuviesen presentes
Aunque sus almas se hubiesen esfumado de sus cuerpos humanos siendo vapor de agua.
Eran agua en su punto de ebullición hirviendo, explotando.
Pequeñas burbujas saltarinas que terminan su viaje en el aire.
A pesar del paisaje cobrizo y de su combinación con montañas grises in crescendo
Sus hálitos permanecían latentes con pulsaciones leves
Se inflaban y volaban lejos.
Y llegaban al espacio
Estos excéntricos globos.
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