Le haría un millón de fiestas, reuniría todos sus amigos, le daría un montón de regalos cada año en la misma fecha.
Lo haría porque así me siento cada día con él, como si fuera mi cumpleaños.
Como si fuera un día especial, un día de besos, de felicidad, de olvidarnos de todo.
Así me siento todos los días.
Merece lo mejor que alguien puede ofrecer, merece lo mejor de mí, aunque vea de vez en cuando lo peor de mí.
Quisiera decirle que de ahora en adelante quiero que todos los días sean su cumpleaños, que sienta que lo aman, que lo consienten, que lo llenan de besos y de frases tontas que hacen reír.
También quiero seguir haciendo lo que sea por él hasta que mis huesos se nieguen a responder, quiero verlo sonreír, y hacerlo tan feliz como él me ha hecho a mí.
Quiero cuidarlo, amarlo y follármelo todos los días, con ganas, con ansías, con locura, con una respiración pesada, con los ojos aguados, con el pelo revuelto, con la pillama del día anterior.
Quiero vivir con él, en él, dentro de él.
Sentirlo tan cerca que no podamos distinguir nunca más donde termina él y empiezo yo.