Así que mi consciencia cedió, la compasión no aguanto y dejé caminar junto a mí a este fantasma del pasado. Caminé y caminé hasta darme cuenta que había caminado por más de 20 ciudades espectaculares, que lo que llamamos hogar esta donde este nuestro corazón, que me sentía una ciudadana del mundo.
Me alegré de saber que la palabra odio no existía claramente en mi cabeza, que cuando intenté definirla no pude y caí en cuenta de que mi única causa fue siempre el amor. Claro, conocí la venganza, el rencor, la hipocresía, las mentiras y todos sus primos y familiares parecidos. Pero jamás fueron producidos por odio, siempre fue por amor. Por no saber amar. No saber.
Ese era el verdadero problema, lo que me trae de vuelta a mi reflejo. Mi reflejo que había aprendido a sonreír y a cantar me advertía constantemente que el amor en mi vida nunca fue bueno, que tenía que aprender a amar si quería ser feliz. También mencionó una vez que tenía que protegerme de príncipes azules y de cuentos de hadas pues los príncipes no eran tan azules y los cuentos nunca tenían hadas ni finales felices eran más bien impostores llenos de sátiras e historias inventadas a punta de hipocresía. Mi reflejo al parecer tampoco conocía el odio puesto que cuando le pregunte qué significaba no me respondió, dure 2 días enteros intentando sacarle una respuesta y lo único que logré fue que me dijera que era un estado de ánimo que según lo que ha vivido puede ser parecido al fuego.
Fuego?… pero yo he sentido fuego y no por odio. Por pasión, por resistencia, por libertad, por ser mujer y fuerte. Por tantas cosas tan diferentes al odio.
Llegué a Paris. Por fin... después de tanto soñar como podía ser. Vi sus luces, sus espectáculos y sus rutinas. Pero cuando entre cerca a ese escenario lleno de años, experiencias, recuerdos y personajes sentí que había vuelto a vivir. Había encontrado la pasión donde nunca la busqué.
Había encontrado mi alma desperdiciada bailando tango en un cabaret. Pero aun más importante me había encontrado a mi misma en el éxtasis total de vivir.
Sentí que mi vida de alguna manera tendría que terminar conectada a este escenario, a este espectáculo, al arte. Sentí vida por esas horas. Sentí como la sangre recorría todo mi cuerpo.
Sentía.
Existía.
Por tanto, vivía!
Ya no sobrevivía ni tenía el peso de la muerte sobre mí aun estando viva.
Existía.
Por tanto, vivía!
Ya no sobrevivía ni tenía el peso de la muerte sobre mí aun estando viva.
Amor? Quién necesita amor cuando esta el arte? Cuando existen lugares sagrados donde se realizan cada noche exorcismos de emociones? Cuando cada noche la pasión y el arte se hacen el amor en frente de una multitud excitada?
Mis recuerdos se perdieron entre la música, entre la nube de humo sobre mí que me elevaba, entre mi vaso de baileys que me adormecía. Fueron absorbidos por el escenario para jamás volver. Me quedó, por supuesto, mi memoria emocional y mi reflejo. Sin ellas, estaría perdida no podría ser quien soy. No podría ser los miles de personajes que al unirse y tolerarse todos se convierten en mi propio personaje.
He hablado bastante de mí, pero es necesario si quieren entender porque mi cabeza ya no es cuerda y mi corazón se volvió suicida.
A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad.
Entonces uno se pregunta ¿ seguir en la guerra del amor ? o ¿ rendirse a ella ?
Finalmente, lo único que de verdad importa es que me alegra decir que no conozco el odio, que mi única causa siempre ha sido el amor.
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