Entre copas, entre gente, entre música.
Entre mujeres, entre hombres, entre seres animales.
Existirá siempre aquella canción que nos regalamos tácitamente, cuando ya no existimos, una sonata entre la luna y Marte que nos cala los huesos y nos hace tiritar en las noches ausentes.
Noches en las que se divaga sobre el amor, la traición, los celos, las vidas pasadas donde ya no existes.
Te regalo una canción así ya no existas.
Donde te vaya bonito, donde te proteja Dios en la celda de tu soledad, donde te vaya de muerte, y recogas siempre lo que siembres.
Canciones que ya no compongo, canciones que ya no cantó, en esta vida no.
En la alterna, en la difusa, donde se marcan los caminos de mis amores y se hace tormentosa la llegada del día, el sol interrumpe los recuerdos y los vela, como papel fotográfico. Se borran a la luz.
Si un verano nos cogimos de la mano, fue un verano nada más.
Unos días, por mucho que haya pasado, 2 meses.
Cariño mio, por qué no me conociste?
Por qué negaste la parte más excitante de ser Desastre?
Yo no sé para qué te digo Cariño. Posiblemente, sólo me gusta jugar con tu mente, que pienses que te dedico esto, al hablar de varias personas y combinarlas en este retazo de letras.
Que me lleve la luna volando hasta Neptuno, que te cuente al oído la felicidad que hay en los mundos que no conociste, en las facetas que no quisiste ver y me negué a mostrar.
Sí.
Soy una Pirómana Amorosa Anónima.
Anónima en Venus.
Pública en este país de puertas abiertas con gente gritando: ¡Cerati, despierta!
Plegarias a los dormidos, a los ciegos por deseo, a los que miran a otro lado en las calles, a los inactivos, a los perezosos, a los hackers, a los poetas de escritorio, que salgan, que hablen, que griten, que escriban en las calles, que dejen su huella en esta ciudad llena de alcantarillas, de ratas y sapos, que luchen contra el estado, contra la gente, contra la economía, o la educación si desean, pero que pongan un pie por fuera de su casa, que dejen la marca de su corazón en una revolución que más que llevar rebeldes, conlleva una marca en la piel de los indomables.