Aveces me duele el alma, aveces no aguanto más, aveces quiero irme sola a cualquier país, con 7 dólares. Realmente no importa, podría sentirme igual de vacía que acá. Podría tener un millón de dólares y siempre sentirme igual a esta hora un sábado, o un viernes. Me cala la respiración, me ahoga la saliva. Me reseca la garganta, los ojos secos e hinchados de tanto llorar. No creo que viva de algo, siempre he sido una buena para nada. Muchos talentos pero ninguno en particular. Soy perfeccionista y me jode la vida, pues tengo todo planeado y nada he hecho. Unas cuantas notas y ya, eso tengo en mi currículum, mientras todo avanza, yo me estanco, en el mismo punto, en el mismo tiempo desde que recuerdo.Y es que nunca fue importante lo que yo sentía o pensaba, si mi vida nunca fue mía, si todo fue de alguien más. Si cada minuto no fue mío, si ni siquiera está en mi memoria, si alguien más lo recuerda con más ganas, con más detalles, si jamás pensé en mí. Si jamás supe qué es ser yo.
Si jamás me enteré que ser yo era importante.
Que llueva más duro, que suenen los relámpagos y tumben mis ventanas, que aquí ya no hay nadie a quien despertar, que aquí hubo un funeral hace muchos años.
Que el ruido de la lluvia acobije mi llanto, que lo refugie del mundo, de las palabras insulsas de apoyo. Que las ventanas cubran mi película monótona y cliché, que nadie lea, porque nadie comprende.
Mi secreto, que se irá conmigo hasta el fin de las nubes, mi secreto, que se mantendrá a salvo de la humanidad.
Aquel secreto que seguramente solo entenderá un gato, de ojos azules y pelo blanco sucio. Una gata que no habla, que no suspira ni sabe leer. Una gata que solo sueña con atrapar la presa debajo del colchón.
"Siempre fui muy pesada de cargar, mi exceso de peso emocional. Ni una llamada, ni una pregunta."