Amapola dejó de ser flor.
La tragicomedia se convirtió en novela.
Los cambios venían augurando buenas primaveras, un invierno calientico con muchas sábanas llenas de labial y muchas almohadas sin plumas.
Los gatos empezaron a cuidar las 8 vidas que les quedaban, ya habían desperdiciado una en el amor, en las supuestas relaciones de película, en besos llenos de vacíos literarios, en abrazos faltos de hipocresía.
Con las orejas bien puestas, y los bigotes bien peinados, disponían entonces a salir a la calle, a deslumbrar con sus pelajes perfectamente arreglados, las uñitas cortaditas para no arañar, los dientes blancos y sus filudas puntas deslumbrantes, puesto que aún podían pelear, pero no sería a muerte, se debería simplemente a un arrebato hormonal que posteriormente deberían dejar pasar. Caminaban con elegancia, con aires de grandeza, como plumas sobre el viento, como si el piso fuesen nubes y ellos, simplemente se dejaban elevar del viento.
Se creyeron inmortales y sus paticas caían ahora con la suavidad de una pestaña.
Sus ojos se agrandaron como dos bolas de cristal donde se lee un futuro un poco más sombrío, un poco más alegre, con menos lluvia y un poco más de Tequila.
Ahí fue.
En ese instante, donde un gato miró al otro, y vió en aquellas dos cristalinas pupilas un futuro delirante, aquel que no promete, no ilusiona, pero deja ver, tocar, saborear , besar y follar. Unos días gloriosos sin medida, basados en matices grises, en colores combinados en el cielo de tantas fumadas, de tantas chupadas, de tantas inyectadas.
Este gato supó entonces que esa sería la gatita con la que se casaría, a la que le juraría una de sus vidas, y le daría las otras 7 para arrebatar el mundo, revolcarse a todos los gatos, despeinarse la cola, darle una lamida a extraños, probar los países, desde el polo antártico hasta su casa.
Así, esa última vida que le juró sería de ellos dos, de nadie más, de ningún humano asqueroso cargándolo como uno de su especie, finalmente, sería una vida gatuna.
Este gato jazz jamás se imaginó que aquella gatita ya le había robado esas 7 vidas, ya había subido y bajado, y que ahora él se encontraba frente a frente con una Tormenta, y que ella se encontraba provocada por una amenaza inminente de escapar y fugarse de la gran ciudad, de correr hasta llegar a lo desconocido, de sentir el peligro de estar con un completo extraño el resto de su vida.
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