Friday, November 4, 2011

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No pretendía nada, venía desnuda, sin ninguna máscara ni mentiras encima, sus poros brotaban alcohol, en sus labios se sentía el cigarrillo, pero en sus ojos se veía, se veía como dicen, el alma.
Prefiero decir que se veía su pupila contraída, las pestañas bien largas y encrespedas, los destellos verdes y miel abajo de ese centrico negro por donde dicen se ve el alma.
Yo veía sus pupilas, dos círculos negros que empezaban a dilatarse para dejar entrar más luz y poder verme en la oscuridad, yo veía retazos de vida, lienzos sin terminar entre sus ojos, carros rojos por carreteras verdes, parejas sentadas en algún café en París, veía mil líneas en las mesas, agujas por donde se inyectaban desastre, cigarrillos que ya no lo eran, humo de todos los colores y sabores, veía a su esposo José Cuervo, siendole fiel todas las noches, todas las malditas noches.
Para qué preguntar qué es el alma, si seguramente la de ella, se fugo hace rato y por sorpresa, antes que se perdiera, la agarré con mis labios y la guardé para cuando alguien la quiera de nuevo, la desea y la posea para siempre.
Y ahora, háblame de amor, recorre mi cuerpo con plumas, con tus dedos, con fuego, con alcohol, un poco de hielo y un poco menos de sal.
Relléname de caricias ariscas, de rasguños hermosos, de aullidos y desastre.

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