Hace mucho tiempo no me sentía así.
Cansada de esos comentarios, cansada de ser tan fragil y dejarme llevar por sólo unas voces.
No sé qué pasa, no sé qué sentir, no sé cómo explicarle al amor de mi vida, que puedo despecharme por mi, porque siempre me han faltado ganas de vivir, porque quiero tenerlas para vivir con él toda mi vida.
No sé cómo poner en palabras que siento mi cuerpo cansado, que las únicas veces que lo siento vivo es cuando estoy con él, en su pecho, metida en sus ojos, en cada pedacito de su cuerpo que pueda recorrer.
No lo niego, tengo miedo.
Tengo miedo de caer, de entrar a este -yo no sé qué- que me tiene así, no quiero, no quiero.
Quiero sonreír cada día con él, no quiero deprimirme, ni amargarme, no quiero cantar canciones de desamor y sentirlas como mías, no quiero fumar para sentir algo en la cabeza, no quiero más que ser feliz a su lado, y lo soy.
Soy completamente feliz a su lado, en cualquier momento con sólo escuchar su voz, puedo respirar tranquila, respirar profundo llenando mis pulmones de placer, de sueños, de vida.
Él me da vida, él me dio la vida en un beso para que la viviera con él, y no podría soñar algo mejor.
Pero tengo un problema, tengo alma de marinero nostálgico y deprimido, o al menos así lo siento, así me siento, y sé que Ángel es más alegre, es más animada.
Sé que tú eres la vida que me falta, eres esas ganas de vivir que se me inyectan en los pulmones nada más con estar a tu lado, y respirarte un rato, un rato que me gustaría dure lo que duran las olas.
- Si ves que estoy pensando en otra cosa, no es nada malo, es que pasó una brisa, la brisa de la muerte enamorada que ronda como un ángel asesino, más no te asustes siempre se me pasa, es sólo la intuición de mi destino. -
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