Jamás entendí la particular obsesión que poseen mis ojos, jamás comprendí este lugar al que siempre llego, es extraño, viejo, parece una cueva de la época de los dinosaurios. Pero en vez de leves esbozos en las paredes de animales, contienen imagenes, curvas diminutas, palabras que se taladraron como clavos en mi cerebro. No supe cómo quererme por debajo de mi cuello, incluso aprendí a quererme por encima de el no hace mucho tiempo.
No sé cómo explicar, esto que tengo. Una enfermedad es llamada así por su afectación al individuo, por el padecimiento que tiene; una adicción es definida como un " hábito de quien se deja dominar por el uso de (...)", del latín addicere, que significa dar consentimiento a algo. En el sentido estrictamente dialéctico, una adicción es una enfermedad, entonces yo vendría ser una enferma, una adicta.
Sí, le dí consentimiento a esa pequeña voz que crecía cuando no sabía aún ni qué era, mucho después supe que no era ni tan pequeña, ni era sólo una voz. Era más bien un sitio, un sitio al que me gustaba ir, frecuentar la mayor parte del día, mis días con el tiempo fueron cambiando frente a mis ojos sin que yo lo notase, vi cómo ese lugar se apoderaba de mis horas, de mis momentos, de mis noches, sobretodo de mis noches, donde acogía a mis hormonas como un lugar segura, y quién iba a saber que ahí se acomodarían para luego alborotarse, traicionarse, iniciar guerras apoteósicas entre ellas, y contra mí, o más bien, contra mi cuerpo. Las cosas importantes cambiaron, ya no me interesaba salir, ni ir a esa estúpida cárcel educativa excepto por algunos beneficios, me importaban ahora tres momentos fundamentales, el desayuno, el almuerzo y la cena. Aún recuerdo con bastante gusto cuando no sabía que esa voz sería la determinante de mis días, y simplemente andaba ligera sin peso, sin cargas, cuando no comía porque no quería, porque 'hoy me prometí no comer nada' y recuerdo bastante bien los días que lograba andar sin cargas en mi cuerpo, los recuerdo como si fuesen ayer, porque claro... esos días se repiten, se trasladan a nuevos pasados, no tan lejanos, a unos cuantos meses quizás.
Y es que no sólo sería decir que sufro de una adicción, porque probablemente si les dijera de qué supuestamente sufro, me dirán las mismas respuestas que he obtenido toda mi vida, ' eso no es lo que importa', 'no puedes ser tan superficial', 'qué harás si un día alguien te dice gorda' ( Como si ya no lo hubiesen hecho, tontos, tontos.) 'Lo que piense la gente de tí, no importa!' Y aquí, aquí entro yo! Aquí entro a romper sus esquemas, a quebrantar sus normas, y sus imposiciones sociales. No, no me importa lo que piense la gente de mí, especialmente la que no me conoce. Y esto no lo tomen como un extremismo, pues sí me importa que ciertas personas tengan una impresión amable de mí, es lo normal, no es querer agradar, es simplemente llevar una vida amable. Pero ese no era el caso; tontos ustedes que creen que mi adicción es por otros, que creen que esto lo causó un poco de propagandas con modelos, o que incluso creen que lo hago para 'conseguirme un novio y ser feliz'. Estúpidos, imbéciles.
I-dio-tas! Esa es la palabra que buscaba para esa gente! Y seguramente, ni entenderían el verdadero significado.
Lo que hago en ese lugar, lo haré siempre por mí. Las consecuencias las quiero yo, para verme en el espejo y quererme. No quiero ninguna de sus aceptaciones, ni ninguno de sus halagos, me valen mierda. Quiero aceptarme y quererme, yo quiero eso. Eso es un regalo de mí para mí.
Y es que siempre entre todo ese desorden de lugar, caigo en cuenta que el narcisismo inscrito en esas paredes va más allá de cualquier locura, un narcisismo absurdo e incomparable pues de tantas ganas de quererme, podría terminar matándome algún día.
No pretendo eso, ya no, cambié y ahora ya ni contadas tengo las veces que lo intenté, se me iba olvidando el número con cada pastilla con la que me atragantaba en esas noches.
No sé explicarme, no sé entenderme, no sé controlarme.
Sé lo que quiero, y quiero cambiar tan absurdamente lo único que es mío, quiero cambiarlo desde la punta de los pies hasta el último cabello, y lo único con lo que me quedaría serían mis huesos, esos tan hermosos con los que antes caminaba orgullosa y sin timidez, con los que me quise por unos 3 o 4 días, cada año o dos.
Descubrí que siempre llego a este lugar, a esta caverna oscura y vieja, me acojo allí, entre los brazos de esta oscuridad, entre las grandes fauces que una vez fueron tan sólo unos pequeños dientes intentando entrar en mi cerebro.
Casi siempre le encuentro gusto a estas paredes, a estos recuerdos, a las imagenes, pero también me recuerdan que si quiero regresar mañana tengo que cumplir ciertos.. logros. Porque en esta caverna, si no llegas con ciertos requisitos, las grandes fauces te atragantan, las paredes se vuelven húmedas y se empequeñecen como si fueses Alicia en la casa del conejo.
Quiero agradecer, agradecer al chico que lee y escribe, que seguramente leerá esto por un instinto mágico. Decirle gracias, no es suficiente, se queda pequeño, porque cambió este lugar, porque ahora me refugio en sus brazos y en su pecho. No diré que no regreso a este lugar de vez en cuando, él incluso lo sabe, pero no entiendo, ni me explico cómo entró a este lugar donde sólo yo había entrado, lo hizo y me cambió.
Tampoco sé por qué llegue a ser tan afortunada de encontrarlo a él y de poder estar a su lado, sé que él siempre me hablará de que me veo hermosa, de que no necesito muchas cosas que antes sí, de que soy perfecta, de que soy una 'mamacita'. Y claro, casi nunca le creo, porque en mis ojos ya quedó grabada la impresión de que no soy ninguna de esas cosas, que soy esa mujer que ante todos se ve muy segura y risueña porque tiene más inseguridades y tristezas que dientes en la boca, pero no crean que todo es tan melancólico. Con él, ha reído más de lo que ha llorado, con él ha estado desde que lo conoció.
Al lado de él ha escrito historias con toques de magia, de otros países y de muchos colores, (los colores de mis ojos, como diría él), seguramente ya había conocido la felicidad antes de conocerte a vos, algún día de pequeña cuando lo más importante era poder comer helado y jugar con mis carritos, pero con certeza sé que esta felicidad es única e incomparable, porque es contigo, es con la única persona que acepta todo lo que he escrito, todo este vómito de letras que tenían que salir.
"Ella sentía que había escrito en honor a él, que había aclarado su pasado en estas letras, y que también le había aclarado a él por qué sufría una que otra noche al mes. Ella había determinado que así le rendía honor al chico que lee y escribe, a su poeta favorito, a su artista preferido y al mejor hombre que ella pudo encontrar, al único hombre que amaba y que deseaba amar. "
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