Tuesday, December 13, 2011

Road trip.

Hunger hurts and i want him so bad, oh it kills.

Se había perdido entre las rutas alternas a la felicidad, esas que no contenían ningún tipo de desastre, y eran seguras y firmes.
Por supuesto, llegaría a la meta sin un rasguño.
Pero llegaría a otra meta.
Precisamente, a la que no quería, a la opuesta, en la que no poseía ningún problema, el camino durante el cual se atragantaría con todo lo que encontrase, porque no había restricciones para llegar al final. Se le pedía que fuese saludable, que fuese fuerte, que resistiera(?). ( en términos platónicos, porque allí no había ningún peligro que hubiese que resistir. )
Su cuerpo ya había cedido, se había acomodado a esta nueva figura que no se parecia en nada a ella, su mente había dejado de ser perfeccionista, seguía criticandose de manera silenciosa y por debajo de los ojos, para así, intentar regresar a sus viejas maneras.
Su boca no hablaba más de calorías, peso, ni tallas.
Sus piernas caminaban sin gracia, sin la elegancia que alguna vez tuvo.
Sus pies delicados y precisos en sus movimientos, ahora eran torpes al bailar, se cruzaban, se tropezaban, parecía un animal bailando.
Aquellos ojos una vez encuencados ahora eran rellenitos y rosaditos, sus cachetes demostraban toda la vida que traía, sus muñecas esponjaditas y sin fisuras.
Sus caderas ocultas bajo almohadas, no presentaban ningún peligro, no tenían ya ningún filo que pudiese cortar ropa. Todos los huesitos que habían dentro de ella, se sabían que estaban dentro por anatomía, por característica propia de todos los seres humanos, más no, porque fuesen visibles o notorios como había sido en una época.
Ahora, se había caído de ese camino seguro por el que andaba, y mientras caía gritaba de emoción, ansiaba el peligro, el fuego, extrañaba preocuparse por algo, por lo que sea.
Su mente volvió al modo perfeccionista que siempre conoció, habían espejos en todo este nuevo camino, y a cada espejo, un nuevo comentario, una nueva crítica.
Emprendió un nuevo camino, que era más viejo que nuevo, se hallaba en su propia salsa, sabía cómo manejar sin caerse de allí, sabía como ir a 180 km por hora sin resbalarse en las curvas.
Sabía perfectamente donde estaban las trampas, los huecos, las mentiras.
Había vuelto a ser ella, sabía que tendría que ser más fuerte esta vez, porque su cuerpo ya no era como antes, no le tocaba mantener algo, tenía que quitarse todas las almohadas, todos esos colores estúpidos que le hacían ver así de suave.
Necesitaba recuperar esa apariencia brusca, con huesos, con carne, con cigarrillos y elegancia.


Elegance is refusal. ~

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