Tengo rabia.
Estoy colérica, histérica, exhausta.
Soy una egoísta y no tengo perdón.
Pero nadie me eligió a mí.
La única que lo hizo fue mi madre. Ni mi padre lo intentó. Nadie lo intentó, ni fui una opción, ni la más remota.
El mundo no gira alrededor mío pero ni siquiera se percató que estaba acá.
Tengo rabia de estar sola, tengo rabia de que mi papá nunca intentó visitarme, que son puras palabras. Tengo rabia que tampoco tú lo intentaste ni lo pensaste, ni fui una ilusión por más remota.
Tengo rabia de ser un objeto para ser tomado, ultrajado y usado.
Tengo rabia de tantas palabras, de que sea lo último que queda.
Tengo rabia de volver pero también tengo rabia de quedarme.
No pertenezco ni aquí ni allá, me desadapté del mundo, de lo real.
Tengo rabia de pagar siempre el precio, de lo bueno con lo malo. De que nada sea gratis, de que todo venga con una cuenta de cobro a mi nombre.
Tengo rabia de pensar tan egoístamente.
Estoy cansada de explicarme en palabras y llevar un record de mi vida como si fuera una máquina de producción.
Tengo rabia de estar sola.
Tengo rabia de no saber estar sola, de pasar mi vida dependiendo de hombres, de editarme, callarme y calmarme. De pretender que nada pasa. De que aunque millones de personas lo tengan peor, en este momento me importa una mierda porque ya no sé donde guardarme la rabia. Porque si no la escribo me va a consumir y a quemar todo en su paso, aunque realmente no sé si sea eso lo qué esté pasando.
Sé que nada está justificado, la lógica y el sentido me abandonaron hace mucho. Voy en un espiral del que ya no me interesa en qué termina.
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